Historia de la escritura china


Obra del calígrafo Wang Xizhi (siglo IV n. e.). Fuente
"Cang era el astrólogo del Emperador Amarillo. Su nombre era Jie y pertenecía al clan Hougang. Tenía la cabeza de un dragón, con cuatro ojos de un brillo misterioso, y por dentro era sabio y virtuoso. Nació sabiendo escribir. Escudriñó las mutaciones que ocurrían en el cielo y en la tierra, mirando arriba notó la forma redonda y curvada de la constelación del Gancho, mirando abajo examinó los dibujos de los caparazones de las tortugas y de las plumas de las aves, y de los montes y los ríos. Creó la escritura tomando todo eso de modelo. Y entonces el cielo envió una lluvia de arroz y los espíritus lloraron por las noches y los dragones se ocultaron y desaparecieron".


Recopilación general del Salón de la Literatura de la dinastía Han. 



La reproducción habitual de pequeños léxicos y enciclopedias populares desde el siglo IX, la difusión del libro en el siglo X, las necesidades y los gustos de la gente del pueblo en las regiones más evolucionadas de China y la difusión de una literatura de cuentos y novelas a partir del siglo XIV explican el por qué la lectura y la escritura parecen haber estado más difundidas en China –a pesar de la dificultad de los caracteres- que en Occidente y el número de personas cultas más elevado que en una Europa, donde parte de la nobleza menospreciaba las letras y donde un pequeño número de clérigos tenía acceso a la escritura. Por otra parte, con la generalización de los concursos de magistrados en los alrededores del año 1000, varios miles de candidatos a los puestos mandariles se presentaron en los centros de examen de las prefecturas e incluso en los concursos de las provincias y de la capital. Surgió así, una abundante cantidad de personal, consejeros y secretarios de administración, maestros de escuela y autores, con la difusión a partir del siglo XI de una cultura clásica análoga a lo que Europa conoció con el Renacimiento.

Representación de Cang Jie. Fuente 
La escritura china, como en el resto del mundo, apareció cuando se creó un sistema de símbolos gráficos que reproducía el habla en su totalidad. Su origen no está claro, aunque existen diferentes versiones de origen mitológico que lo explica. Según cuenta la leyenda, el emperador Amarillo tenía un ministro con cuatro ojos llamado Cang Jie, el cual inventó los caracteres inspirándose en las huellas dejadas por los animales en la tierra.




Entre algunos restos arqueológicos de época neolítica, del quinto mileno antes de nuestra era, se ha encontrado una serie de utensilios de terracota que presentan unas marcas grabadas en su superficie, algunas de las cuales guardan cierta semejanza con caracteres chinos. Según algunas interpretaciones, podrían representar una forma embrionaria de escritura, aunque otros se inclinan por unos símbolos gráficos realizados por su propietario o artesano. A partir de inicios del tercer milenio las imágenes inscritas sobre las piezas son simples, pero realistas, y se puede reconocer en ellas los objetos que representan. Lo más probable es que los mensajes que pretendía transmitir no fueran leídos en forma de texto, por lo que no se puede hablar de escritura propiamente dicha. Por las evidencias que contamos actualmente, se podría decir que la escritura china se inventó antes o durante el neolítico (6000-1700 a.n.e.). Sin embargo, hay investigadores que ponen de relieve que ningún pueblo ha desarrollado un sistema de escritura completo hasta después de haber entrado en una sociedad de clases y China no lo hizo hasta el periodo de la dinastía Xia (2207–1765 a.n.e.), por lo que es poco probable que se originara en esta fecha.

Escritura en caparazones de tortuga. Fuente
Los primeros hallazgos arqueológicos que atestiguan la existencia de una escritura plenamente desarrollada está constituida por la escritura en caparazones y huesos, que se dividen en las “primitivas” y las pertenecientes a la dinastía Shang (1765–1122 a.n.e.). Estas inscripciones eran usadas, en su mayoría, como instrumentos de adivinación en las que se formulaba una pregunta en voz alta sobre cuestiones que preocupaban a los gobernantes y se le aplicaba una fuente de calor a unas incisiones que se habían hecho previamente en los huesos, provocando que se resquebrajaran. Posteriormente de la interpretación que se hacía de las grietas, un amanuense registraba en el mismo caparazón o hueso la fecha, el nombre del adivino, el número de grietas, la pregunta realizada por el oráculo, su interpretación y si se había cumplido la inscripción. En definitiva, la escritura sobre huesos oraculares se utilizó como vehículo para contactar con los dioses y para dejar constancia de hechos memorables.

Hueso oracular de la dinastía Shang
 (1765–1122 a.n.e.). Fuente
Los huesos oraculares de la dinastía Shang son de una época más tardía y cuentan con al menos 3.300 años de antigüedad. Los huesos fueron descubiertos por unos campesinos que los vendían a los boticarios chinos, quienes los molían para elaborar remedios medicinales. En 1899 uno de esos huesos cayó en manos del director de la Academia Imperial de Educación del Estado de Beijing, Wang Yirong, quien había enfermado de malaria y descubrió las huellas en la superficie de la supuesta medicina. Desde su descubrimiento hasta la actualidad se han desenterrado más de 150.000 piezas.

Escritura en bronce. Fuente
Otra fuente importante de estudio es la “escritura en bronce” de fines de la dinastía Shang, cuando la práctica de la adivinación por medio de los huesos oraculares entró en desuso. Será durante la dinastía Zhou (1122–256 a.n.e) cuando experimenta su mayor desarrollo. Formalmente son una evolución de los caracteres escritos anteriormente en los huesos y caparazones de animales. Se han recuperado alrededor de unas 10.000 piezas, donde se han identificado 3.000 caracteres. La mayoría de las inscripciones se hacían fabricando primero un molde en positivo y se esculpían posteriormente con un estilete en la arcilla blanda. Una vez endurecida, ésta se presionaba sobre otra pieza también de arcilla blanda para conseguir un relieve en negativo que se usaba para crear el molde en el cual se vertía el metal fundido. Los caracteres sobre bronce presentan unos trazos más gruesos y formas más redondeadas que en la escritura sobre huesos oraculares.

Escritura sigilar mayor perteneciente a una vasija de la dinastía
 Zhou en el Museo Nacional del Palacio
 en Taipei (Taiwán). Fuente
La “escritura sigilar”, usada principalmente para sellos personales u oficiales, desciende de la escritura sobre bronce de fines de la dinastía Zhou occidental. Éstos son más regulares y simétricos, con trazos alargados y curvos. El desmembramiento político en pequeños señoríos en pugna constante proporcionaron la proliferación de variantes de un mismo carácter. Esta situación dio lugar en el año 800 a. n. e. al primer intento oficial de reforma de la escritura que sancionaba algunas de esas variantes en detrimento de otras. Las formas aprobadas se recogieron en Compedio de Shi Zhou  y posteriormente recibieron el nombre de “escritura sigilar mayor”, que estuvieron vigente durante el periodo de los Reinos Combatientes y los primeros años de los Qin (221–206 a.n.e.).


Escritura sigilar menor.
  Fuente
 
Tras la reunificación de China en el año 221 a. n. e. por el primer emperador de China, promovió una serie de reformas legislativas dirigidas a unificar, entre otros aspectos, la escritura, recogida en una lista llamada La lista de Cang Jie, que contenía 3.300 caracteres y constituyó el modelo de la “escritura sigilar menor”. Para que este estilo se convirtiera en el único, mandó quemar los libros escritos en otros estilos y ordenó ejecutar a todos aquellos que no siguieran la nueva norma. Esta unificación, que se denominó sistema de “escritura unificada”, fue una versión de la sigilar mayor.

Escritura de los escribas. Fuente
La “escritura de los escribas” es considerada una derivación de la sigilar mayor y fue usada durante la dinastía Qin y la Han (206 a.n.e. – 220 n.e.). Mientras la escritura sigilar se utilizaba para los documentos oficiales, en el ámbito privado era habitual la de los escribas debido a que contaba con trazos menos laboriosos. La escritura de los escribas usada durante la dinastía Qin era una forma cursiva de la escritura sigilar menor oficial en ese momento; y la usada durante la dinastía Han supuso una ruptura con el estilo anterior e impuso su propio modelo. En general, el número de trazos por carácter disminuyó y se volvieron más regulares y rectos, pasando de una escritura arcaica a otra más convencional

Escritura de borrador. Fuente
Una variante de la escritura de los escribas la encontramos en la “escritura de borrador”, caracterizada por la simplificación de sus trazos, donde estos se omiten o se unen libremente, evolucionando a un estilo muy personal y simplificado, prácticamente ilegible.

Escritura regular. Fuente 
La escritura de los escribas dio paso a la “escritura regular” que empezó a tomar forma a fines de la dinastía Han y que supuso un paso más hacia la estandarización y regulación de los caracteres, con la imposición de unas reglas estrictas en cuanto al orden en el que se debía de escribir los trazos que componen cada elemento del carácter.






Escritura cursiva. Fuente
Con la “escritura cursiva” -estilo caligráfico más fluido-, derivada de la escritura regular, presenta algunos trazos unidos o abreviados, como se suele hacer cuando se escribe a mano sin levantar del papel el utensilio que se usa para escribir. Se empezó a desarrollar a fines de la dinastía Han posterior y corresponde con la escritura cursiva actual.


Escritura simplificada. Fuente

Con la llegada al poder de los comunistas, se implantó en toda la República Popular de China los caracteres simplificados, que entraron en vigor en 1956. La reforma buscaba reducir el número de trazos de los caracteres para facilitar tanto su ejecución como su memorización, debido a la dificultad de su aprendizaje y uso, ligada al alto índice de analfabetismo endémico que sufría la población china por esta época.


Silabario japonés. Fuente
Los caracteres chinos se convirtieron en potentes transmisores de la civilización. Dada la carga cultural de valores de cada uno de los caracteres, la aceptación de su escritura por parte de otros pueblos implicaba la aceptación de los valores culturales que éstos arrastraban. Si el budismo proporcionó a Japón la articulación socio-religiosa y activó sus contactos con el exterior, la adopción de la escritura china, implicó la asimilación del modelo de Estado chino. Para escribir japonés en chino era prácticamente inviable y las dos primeras grandes obras literarias del Japón, el Kojiki y el Nihon Shoki, se enfrentan a incongruencias insalvables: el primero, escrito en chino, utiliza a menudo los caracteres por su significado y, a veces, para hacer una transcripción fonética de nombres japonés; mientras que el segundo está escrito exclusivamente en chino. Por ende, no tardaron en inventar una fórmula para combinar los prestigiosos kanji (denominación de los caracteres chinos que ellos usan) con unos elementos fonéticos –los kana- que permitieran transcribir las partículas y la gran cantidad de sufijos y prefijos que articulan sus lenguas. El resultado final –que acabó en dos silabarios, hiragana y katakana- representó la invención de un sistema de escritura para poder hacer funcionar otro.

La dificultad de la escritura china es mucho menor de lo que creemos, ya que la mayor parte de sus caracteres se hacen con la combinación de otros. Asimismo, la sencillez de la gramática compensa parte de las dificultades de la ortografía, de las conjugaciones, de las declinaciones, y de la concordancia de participios y tiempos que encontramos en otras lenguas. Es la escritura china el único ejemplo en el mundo de una escritura de palabras donde cada signo corresponde a una unidad semántica, y la única de este tipo mantenida desde la Antigüedad hasta nuestros días.


Bibliografía

FOLCH, D. La construcción de China. Península Atalaya. Barcelona. 2002.

GARCÍA-NOBLEJAS, G. Mitología de la China antigua. Alianza Editorial. Madrid. 2007.

GERNET, J. El mundo chino. Crítica. Barcelona. 2005.

ROVIRA ESTEVA, S. Lengua y escritura chinas. Mitos y realidades. Biblioteca de China Contemporánea. Edicions Bellaterra. 2010.

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